Escritor de la Semana

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Imagen:     Wikimedia.
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Tras un curso más, nos enfrentamos a la dura realidad, a una experiencia que provoca miedo y temor, al menos, en el 50% de estudiantes. Castigo para muchos, diversión para otros. Una dura batalla que rivaliza con las Termopilas o las Ardenas. Me estoy refiriendo a las convocatorias de Febrero y Mayo.
Al llegar estos meses nuestro metabolismo se tronca en desgracia. No comemos ni dormimos con normalidad. Tememos a las sombras que acechan en el aula, mientras el responsable nos entrega ese material de tortura blanquecino, cuya superficie parece divertirse a nuestra costa. El conocimiento que, anteriormente, permanece en nuestro interior y que controlamos perfectamente, comienza a evacuar los almacenes de nuestro cerebro, como si los 1400 cm3 no fuesen suficientes para impedir este éxodo. Incluso a algunos les ocurre el fenómeno de sudada extrema: manos, frente, sobaco… nuestro líquido vital se escapa ¡tenemos fugas! La boca se seca, las pupilas se dilatan y provocan que las letras bailen una jota aragonesa, encima del tablao flamenco, que es el folio.
Es el “Examenticidio” y sus dos etapas se las conoce como “Febrerosis” y “Mayofinilitatis”. Es el medio de tortura más antiguo que se conoce, en la historia humana. Me río yo de la Doncella o el potro. ¿La cámara de gas dice usted? Al menos ahí el pobre desdichado siente un sueñecito y se acabó. Aquí el fin es doloroso hasta el último momento. Exámenes donde la duración alcanza las cuatro horas supone un desgaste que alcanza el estado vegetativo del individuo. Y, si no me creen, observen el antes y el después de las víctimas. Listos para ir al asilo.
Pero aquí no acaba la cosa. Cuando la batalla ha finalizado y el alumno/a se recupera, reponiendo líquido e inspirando aire fresco, debe someterse a un castigo emocional increíble: la larga espera de corrección. Si antes no dormía, ahora es poco más que un espectro por las noches, cuya sola presencia causa infartos múltiples al inconsciente que se atreva a levantarse a horas tan intempestivas y le confunda con un espectro de ultratumba, haciendo rondas por el pasillo. Los veteranos, conociendo la prueba que se les presenta en este momento, son algo más prácticos: si tienen algo de tiempo, se bajan al bar de la esquina y ahogan la angustia entre copas y cañas. Un método algo brusco pero muy característico del pueblo español. Se nota que este tipo de torturas viene de muy atrás.
Pero ¡ah! Cuando llega el último tramo ¡Las notas! Aquí se producen intentos de suicidio en gran medida. O borracheras incontroladas, acompañadas de lloros y puñetazos a todo objeto animado e inanimado que se encuentre cerca. Existe el “comodín de la reclamación”, aunque en pocas ocasiones ayuda en demasía. Pero es mejor intentarlo que permanecer con la duda eterna de lo que se pudo hacer y no se hizo ¿no creen?
Bueno, este ha sido el análisis del periodo más letal del estudiante. Podría escribirse un manual práctico, destinado a dar los primeros auxilios a los desdichados que sufren este acontecimiento. Sería de mucha utilidad. Nada más que decir a esto. Solo queda desear ¡Mucha Mierda!
 
Javier Cameno Higuera

Javier Cameno Higuera

Escritor at ScripToryuM
Comenzó su actividad literaria a los 14 años., con la novela fantástica “La Armadura de los Elementos”, cuya historia relata las aventuras de Kalwen, quien sin desearlo, deberá emprender su propia Odisea y embarcarse en un viaje lleno de aventuras y emoción. Finalizar este relato le llevaría tiempo, ya que el estudio era lo primordial (y lo sigue siendo).

Ya en la carrera formaría parte del grupo de fundadores de Scriptoryum Sociedad de Escritores y renovaría sus ganas de escribir, hecho notorio al hilar un nuevo relato: “Apofis; Las Baladas de Sussan”. Ya dentro del equipo comenzó a escribir ensayos y artículos de opinión, tanto como para evitar perder el ritmo literario como para mostrar sus reflexiones e ideas sobre temas varios. Algunos de los artículos que se ha sacado de la chistera son “Cinismo en el Futbol”, “Un Avance para el Empresario; un retroceso para el Trabajador”, “La Generación Perdida”, “Lo obvio resulta lo más peligroso” o “Un Clásico Más”.

Aunque en la actualidad sigue enfrascado en sus estudios, sigue buscando ratos para dedicarse a plasmar en el papel sus desvaríos e inquietudes.

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