La Armadura de los Elementos (Segunda Parte) (I)

ARMADURA DE LOS ELEMENTOS
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     Imagen:     Sheila García Corpas

Segunda Parte

I 

Encuentro con los Scuarrels.

 

Elmer

El viento soplaba del noroeste con fuertes ráfagas  que helaban todo lo que se ponía a su paso. Estaban los dos en su hora de guardia, intentando superar el angustioso tiempo que se les venía encima.

- Echa un poco más de leña, Josh –  dijo uno de los dos soldados – hace un frío que hiela los pelos.

- ¿Pero qué dices, Jack? No sé si te acuerdas de que acabamos de salir de una guerra. El enemigo puede andar cerca.

 Se encontraban en el destacamento fronterizo perteneciente a Arjos, campamento principal de los Scuarrels. Ante la inesperada batalla, tuvieron que organizarse y combatir. Algunos temían que Worrel volviera.

-  Podíamos haber  escogido otro momento para hacer la guardia – replicó Josh.

- Venga, no seas vago. Tendrías que haberla hecho de todos modos… – Jack se paró en seco.

 – ¿Qué te pasa? – le preguntó sorprendido Josh.

- ¡Mira! Ahí delante.

Ante ellos apareció una figura a caballo, bastante rara. Llevaba una extraña armadura antigua y  yelmo plateado.   – ¡Alto! ¿Quién va? – Gritó Jack desde la torreta.

- No disparéis. Vengo en son de paz. Necesito ayuda… por…favor… y al instante se cayó al suelo.

 Josh bajó de la torreta hacia donde estaba el extraño personaje.

- ¡Es un caballo del conde Worrel!  y  éste no parece un soldado, ¡baja Jack.!

Los dos le ayudaron a  caminar y le metieron dentro de la torreta.

- Ponle junto al fuego, anda  y quédate con él, yo voy a seguir haciendo la guardia

- ¿Quién eres, muchacho? – le preguntó Josh al desconocido dándole un tazón de  sopa caliente.

- Me… me llamo Kalwen. Soy de War.

-¿De War? ¿Y qué haces tan lejos de tu hogar?

- Tuve que huir de allí. Me perseguían…. bueno, no importa. Busco a un pueblo de las montañas: los Scuarrels.

- Pues los has hallado.

Kalwen se levantó de un salto.

- ¿De verdad? ¿De verdad que eres un Scuarrel?

- Sí… claro – respondió algo asombrado Josh – ¿por qué?

- Estoy buscando a un gran guerrero. Se llama Elmer.

- ¿Eres amigo de Elmer? –le preguntó sorprendido.

- Mi padre lo era. Él me ha enviado aquí.

-¿Cómo se llama tu padre?

-Walker…

-¡Walker! – Josh corrió hacia la escalinata que conducía a la torreta – ¡Jack!  El chico es el hijo de Walker. Dime, Kalwen ¿te ha seguido alguien?

-No… no creo.

-¡Bien! No te preocupes, mañana te llevaremos con Elmer. Ahora no es el momento, descansa un poco. Se te ve agotado.

……………………………………………………………………………………………………………

Jonh se subía por las paredes. “Se la ha llevado”-repetía para sí una y otra vez- se la ha llevado y ninguno de estos ha podido con él”.

Ese día tendría que ser el día más feliz de su vida, ya que le iban a investir como conde de la comarca. Sin embargo estaba lleno de ira, furioso. Cuando se despertó de su inconsciencia se encontró solo. El cofre estaba abierto pero la Armadura que contenía, no estaba allí. Tampoco encontró a Walker, ni a ninguno de sus hombres, ni a su caballo… Tuvo que volver al castillo, solo.

Desde que llegó, no paraba de darle vueltas a la cabeza para saber dónde podía haberse escondido su rival y cogerle, pero no se le ocurría ningún sitio. “No tengo otra alternativa” – pensó – ¡Guardia!

Al instante entró el soldado de guardia.

-Manda inmediatamente un mensaje de ayuda al rey Leopold y a los demás nobles,  diles que tenemos  un enemigo común: el Guardián de la Armadura de los Grandes.

……………………………………………………………………………………………………………

Habían salido al amanecer. Jack iba delante allanando el camino mientras que Josh ayudaba al caballo que montaba Kalwen a caminar por el espeso camino. Habían esperado a que llegase el relevo de la guardia y se dirigían al campamento de Arjos.

- Bueno, Kalwen – le dijo Josh intentando animarle – ¿Cómo está tu padre?

- Él… murió – respondió apenado Kalwen.

-¿CÓMO? – Josh se paró en seco – ¿Qué le pasó?

- Le mataron… el hijo de Worrel y sus hombres – respondió sollozando               Kalwen.

- ¿¿CÓMOOO?? ¿Ese hijo de perra mató a tu padre?  Kalwen asintió con la cabeza.

 Los ojos de Josh se encendieron, “ maldito, maldito sea” – se le oyó.

 – ¿De qué le conocías? – preguntó algo más tranquilo Kalwen.

 – ¿No te lo dijo?

 -No, no le dio tiempo.

 -Tu padre fue uno de nuestros líderes. Él y el padre de Elmer ayudaron a nuestro pueblo a convivir en paz, respetando la profecía, claro. Elmer se alegrará de verte, tu padre fue muy bueno con él.

- ¿Por qué dejó mi padre de ser uno de los líderes? – preguntó Kalwen.

- Porque no quiso comprometernos con la Armadura – respondió tristemente

Josh – dijo que así, llevándosela a War nadie podría acusarnos ni atacarnos.

Dime,  es esa, ¿verdad? ¡la Armadura de los Grandes!

Kalwen asintió.

- La verdad es que ocurrió algo extraño cuando me la puse – contestó Kalwen – cuando cogí la espada para defender a mi padre, de ella salieron tres luces misteriosas que se estrellaron contra mi oponente.

- ¡¡GRACIAS AL CIELO!! ¡ERES EL ELEGIDO! – Gritó Josh – Jack ¿lo has oído?

Jack retrocedió. Kalwen vio cómo al soldado se le caían unas  lágrimas.

 – Sí. Kalwen, tienes mi total confianza. Si me lo permites, quiero protegerte hasta la muerte.

- Y yo – añadió Josh – los dos estaremos contigo pase lo que pase. Gracias, gracias por venir, muchacho.

- No lo entiendo.

- Ya te lo explicaremos Kalwen. Elmer te contará todos los detalles.

- ¡Atentos! -dijo Jack – Hemos llegado.

Ante ellos se alzaban las magníficas murallas de Arjos, campamento de resistencia de los Scuarrels.

Entraron por las enormes puertas de hierro forrado de bronce, ante la atenta mirada de los vigías. Se adentraron entre las casas de madera de roble de los bosques cercanos, en dirección hacia la segunda muralla, donde se encontraba el cuartel general en el que estaba Elmer con su estado mayor.

Tal y como le había contado su padre,  y le refería ahora Josh, los Scuarrels eran gente pacífica, simples pastores de cabras, agricultores y comerciantes. Pero también sabían defenderse cuando les atacaban. Este campamento era el núcleo urbano más famoso de todo Konwwn en tiempos de paz. Por él solían pasar a menudo gran cantidad de comerciantes de todas las razas. Pero en tiempos de guerra se convertía en una fortaleza inexpugnable capaz de resistir mucho tiempo de asedio. La ferocidad con la que se defendían dejaba pasmados a los atacantes.

Lo que realmente ocurrió con los soldados del conde, según le contó Josh, fue muy distinto a la que le contaron en su pueblo: la escuadrilla del conde Worrel se dirigió hacia Arjos para registrar de forma “pacífica” la posible existencia de cierto objeto mágico de poco valor. –“Vinieron en son de paz y prometieron grandes sumas de dinero y posesiones si les entregábamos  la Armadura por las buenas. Nos negamos en redondo. El oficial volvió a intentar convencernos con nuevas promesas y nosotros nos volvimos a negar. Entonces cogió a una de las mujeres que estaba cerca y amenazó con matarla si no le dábamos lo que quería el conde. Fue en ese momento cuando no pudimos aguantar más y empezó el ataque. Varios de nosotros nos lanzamos encima del oficial y los soldados y matamos en defensa propia a la mayoría. Los demás huyeron rápidamente. Más tarde nos atacó el ejército del conde pero conseguimos a duras penas derrotarlos. La guerra terminó… de momento” –.

- Elmer intentó solucionar las cosas con Worrel de forma pacífica, pero éste se negaba a firmar la paz. También intentó avisar a tu padre pero no sabemos nada de los emisarios que le enviamos. ¿Llegó alguno a tu casa?

- No.  Mi padre solo me dijo antes de morir que viniera aquí, que Elmer me protegería. Nunca vi que nadie fuera a avisar a mi padre                                de nada.

- Ya… bueno, veremos lo que se puede hacer. No te preocupes                            Kalwen, aquí estás a salvo – le tranquilizó Jack.

Después de atravesar gran parte del campamento llegaron a una segunda puerta, esta vez mucho más fuerte y mucho más defendida que la anterior.

- Necesitamos ver a Elmer de inmediato – explicó Josh al primer centinela – es muy urgente.

Los otros centinelas registraron a los tres hombres y después de comprobar que no tenían nada peligroso les pidieron que les entregaran las armas.

- No te preocupes – le dijo el  vigilante a Kalwen – es solo un procedimiento de seguridad.

Kalwen se sintió un poco apenado al entregar su espada al centinela. Era la primera vez que sentía  que al separarse de una parte de la Armadura, recordaba  intensamente a su padre.

Al finalizar el procedimiento, fueron conducidos al segundo anillo fortificado del campamento. Recorrieron tiendas (algo que sorprendió a Kalwen ya que antes había visto casas de madera) de apariencia militar. Al cabo de unos minutos llegaron hasta  la que parecía más grande,  situada en el centro justo del anillo fortificado.

 – Ven – le dijo Josh amablemente.

Kalwen desmontó y los tres se dirigieron hacia la tienda.

Salió un soldado vestido con una armadura de metal muy parecida a la que llevaba Kalwen, aunque más sencilla.

-¿Qué deseáis? – preguntó el soldado.

- Necesitamos hablar rápidamente con Elmer. Es muy urgente – le apremió Jack.

- ¿Venís los tres? ¿Quién es el chico?

- Un amigo suyo. Déjanos entrar, aprisa.

El soldado saludó formalmente a Kalwen y les dejó pasar  al interior de la tienda.

Ésta era bastante amplia, aunque poco amueblada. Había unas cuantas sillas, varios bancos  y una gran mesa al lado de un pequeño hogar.

- Señor – dijo el soldado – han venido a verle. Dicen que es urgente.

Del fondo de la estancia salió un hombre de gran estatura. Tenía unos brazos grandes y fuertes y su mirada transmitía serenidad, amabilidad y sensatez.

El hombre se acercó a los recién llegados.

- Bienvenidos, ¿Qué deseáis? ¿Ocurre algo en el puesto avanzado?

- Mas bien sí – dijo sonriendo Josh – han venido a verte. Acércate muchacho.

Kalwen avanzó y se puso enfrente del hombretón.

En ese momento éste abrió mucho los ojos:

- ¿Walker?  ¿Eres hijo de Walker?

- Sí… sí. Mi nombre es Kalwen. Soy su hijo.

- ¡Su hijo! Bienvenido, Kalwen. Siento como si estuviera  ante  tu padre. Os parecéis tanto… Dime ¿Qué te trae por aquí?

 – Necesito protección señor – respondió respetuosamente Kalwen.

- Por supuesto chico, aquí  estás a salvo. Pasa, pasa. Cuéntame todo lo                             ocurrido. ¡Hace tanto que no veo a tu padre!. Era como mi hermano                               mayor. Él  me enseñó a gobernar con justicia y me adiestró en el                               código del Honor.

Se sentaron alrededor de la enorme mesa.

- Señor…

- Llámame Elmer, Kalwen. Entre nosotros todos somos iguales,                   aunque tenemos responsabilidades diferentes.  Anda, empieza ¿Qué                                te trae por aquí?

- Yo… he venido a traeros la Armadura de los Elementos. En War ya no está segura. Mi padre me pidió que me la pusiera.

- ¿Te costó ponértela? ¿Notaste algo raro en ella? – le preguntó Elmer                                mirándole a los ojos.

- Pude ponérmela fácilmente, como si siempre hubiera sido mía, pero… ocurrió algo cuando intenté proteger a mi padre…

 – ¿Le ha ocurrido algo? – preguntó nervioso Elmer poniéndole la mano en el hombro.

 “Como hacía mi padre”- pensó Kalwen.

- Le… le mató el hijo del conde Worrel. Mi padre intentaba defender la  Armadura y … Elmer dejó caer su mano  encima de la mesa. Sonó fuerte.

-¡No! ¡No puede ser! ¡No puede estar muerto! Cogió y abrazó a Kalwen.

Éste le abrazó también, sollozando sonoramente por toda la angustia                           vivida en los últimos días.

- Mi… mi padre me pidió que te dijera una contraseña que se la decían el tuyo y él.

- Dimela, por favor – le pidió Elmer.

Kalwen se acercó y se la recitó al oído.

 – ¡Sí! Eres su hijo, no hay duda – dijo Elmer llorando por la triste noticia recibida.

Después de contarle lo sucedido con la espada, Elmer pidió a los soldados que les dejaran solos.

- Has sido elegido Kalwen, por lo que yo, debo dejarte mi puesto y ponerme a tu servicio. ¡Lo haré con sumo gusto!

-¿Que yo sea vuestro líder? Pero si no tengo ninguna experiencia…

- Ya lo sé, pero yo te ayudaré. Tú serás nuestro líder y yo tu fiel servidor.

Se lo debo a tu padre. ¿Conoces la profecía?

- No – respondió Kalwen aún más  asombrado.

- Ven, tienes que conocerla.

Elmer se dirigió hacia un armario de bronce y sacó una especie de tablilla de barro. Se sentó junto a Kalwen y empezó a leer:

- “Según la profecía, habrá otro muchacho que se pondrá la Armadura.

Entonces su espada se iluminará y él dirigirá el ejército de Orgoks para acabar con el mal de Krowwn”.

- Como puedes comprobar, Kalwen, eres el elegido. Por fin podremos devolver la paz a nuestro reino.

- ¡Pero yo no sé gobernaros! Además tengo que aprender  cómo manejar  esta Armadura.

-Lo sé.  Podemos hacer una cosa: yo seguiré teóricamente siendo el líder de los Scuarrels, pero las decisiones y asuntos que ocurran en el campamento los tomaremos entre los dos. Cuando creas que estás capacitado para liderarnos, te pasaré mis poderes. También te enseñaré lo que me transmitió tu padre. Se lo debo tanto a él como a  ti. ¿Te parece bien?

- Por supuesto – respondió Kalwen algo más relajado – Mi padre me dijo que eras de  total confianza, así que, adelante.

- Muy bien. Estarás agotado. Le pediré a mi hermana que te acompañe.

Elmer   salió y al instante apareció de nuevo  con una muchacha .Desde el  momento en que la vio, Kalwen  se quedó totalmente impactado. Tenía una larga melena, dorada, parecida a una gran cascada que se precipitaba sobre sus hermosos hombros. Sus ojos azules, como el mar, parecían ser de delicado cristal. Su mirada era calmada y serena.

 – Kalwen, te presento a mi hermana Lisde.  Lisde, es Kalwen. Se quedará con nosotros. Ya hablaremos más tarde. Por favor, ¿le                           podrías  acompañar a la  tienda de invitados, de momento,  para que                           pueda descansar?

 -Claro, Elmer. Ven conmigo, Kalwen.

Los dos salieron de la tienda y se dirigieron hacia la zona este del campamento. Iban  casi rozándose, sin pronunciar palabra. “Es realmente hermosa” -pensaba Kalwen mientras la miraba  de reojo- y… parece buena persona…”

- ¿Vienes de muy lejos? – Le preguntó Lisde.

 – De War – respondió azorado Kalwen. Era la primera vez que se sentía así…

Ella le observó y soltó una risita. Después de andar un corto trecho por entre las tiendas, se detuvieron en una  que era algo parecida a la de Elmer.

  – Aquí puedes quedarte – le indicó Lisde.

 – Gracias –  respondió Kalwen – ¿Qui… quieres quedarte y hablar  un                            poco conmigo?

 – Ahora no puedo-le respondió con una amplia sonrisa- pero después nos veremos luego, durante la cena.

Kalwen la observó mientras se alejaba. “Es una  persona bondadosa y además muy hermosa” -comentó alguien tras él-. Kalwen dio un respingo al ver que no había nadie detrás, pero después reconoció aquella voz.

- ¿Sigues conmigo, padre?

- Por supuesto, hijo. Lo importante es que no me olvides.

- ¿Cómo es que puedes hablarme…?

- Ya lo irás comprendiendo. Mantén la calma. Elmer te protegerá. Hazle caso. Aprende mucho de él. Ese es tu destino, ser el liberador de Krowwn. Lo conseguirás. Y  recuerda seguir el código del Honor, Siempre. Nunca lo olvides…

Javier Cameno Higuera

Javier Cameno Higuera

Escritor at ScripToryuM
Comenzó su actividad literaria a los 14 años., con la novela fantástica “La Armadura de los Elementos”, cuya historia relata las aventuras de Kalwen, quien sin desearlo, deberá emprender su propia Odisea y embarcarse en un viaje lleno de aventuras y emoción. Finalizar este relato le llevaría tiempo, ya que el estudio era lo primordial (y lo sigue siendo).

Ya en la carrera formaría parte del grupo de fundadores de Scriptoryum Sociedad de Escritores y renovaría sus ganas de escribir, hecho notorio al hilar un nuevo relato: “Apofis; Las Baladas de Sussan”. Ya dentro del equipo comenzó a escribir ensayos y artículos de opinión, tanto como para evitar perder el ritmo literario como para mostrar sus reflexiones e ideas sobre temas varios. Algunos de los artículos que se ha sacado de la chistera son “Cinismo en el Futbol”, “Un Avance para el Empresario; un retroceso para el Trabajador”, “La Generación Perdida”, “Lo obvio resulta lo más peligroso” o “Un Clásico Más”.

Aunque en la actualidad sigue enfrascado en sus estudios, sigue buscando ratos para dedicarse a plasmar en el papel sus desvaríos e inquietudes.

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