Olimpiadas Cotidianas (IV)

Olimpiadas cotidianas
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   Imagen:     http://acuarelasjosmar.blogspot.com.es/

CAPÍTULO 4

 

Durante toda la semana estoy entrenando a fondo, paso a elevar mi velocidad de 20 decámetros/hora a 1 Hectómetro/hora! 1 hectómetro ¡Menuda barbaridad. 100 metros irrealizables en escasos 60 minutos para cualquier mortal pero sí para mí, el elegido.

Por su parte, Evaristo empieza a practicar también el apartado de la velocidad. Si él penetra en mis fueros, yo tengo que hacerlo o perdería fuerza. Por tanto, los días que lo veo  practicando salto de altura (con las latas de lentejas) o practicando disco (con las lonchas de mortadela) Aprovecho para ir al supermercado, y memorizar como son los pasillos.

Llegó el día esperado, Cefererino nos cita a las tres, hora en la que el supermercado debe estar desierto. Cuando llego estaba explicándole algo a Evaristo. Luego me explica que hoy la victoria se consigue de la misma forma que la otra vez. Pero de una manera especial, con una carrera de C-1, de carritos.

- ¿En serio? No me lo creo

- Cuánta cobardía (Evaristo) No te ves capaz.

- Pasadme un carrito, te dejaré a la altura de los ruedines.

Y la carrera comienza. Nada más entrar veo a más gente de la que me esperaba a esa hora. Pero no comprando, sentada cómodamente y tomando bebidas y aperitivos suministrados por el oportunista Ceferino, que ha montado un estrafalario puesto donde se realizan apuestas no muy legales.

Para  evitar lesiones, se nos prohíbe el contacto. De modo que la carrera es bastante limpia. Un duelo bastante bonito hasta llegar a la curva del final del pasillo, que una vez tomada llevaba hasta otra curva muy cerrada, y todo recto hasta el pan.

Evaristo realiza una curva perfecta ganándose el aplauso del público, yo me paso de velocidad y tengo que agarrarme de la esquina de un mostrador para evitar el choque.

Como veo que mi adversario va más rápido, no tengo más remedio que tirar de jamón. Sí señor, cojo un jamón, de los que están ahí colgados sin pena ni gloria y lo utilizo de remo, impulsándome con él en los distintos estantes.

Una vez llegada la curva del terror, Evaristo opta por ser conservador y no arriesgar demasiado. Yo veo el momento propicio y hago un derrape como los de la moto GP, girando el carro totalmente de lado. Pero no es mi rodilla la que ejerce de soporte, sino el jamón. Esta jugada maestra sorprende a mi rival y a los espectadores, que me vitorean. El tiempo se para por un momento, me veo embriagado por el calor del público, mi derrape pantomaca me va a dar el trofeo. Pero el jamón no  aguanta la fricción, y se rompe por la mitad, salgo volando hacia un estante.

Al ver que he perdido, intento al menos que el público disfrute y antes del choque, les obsequio con un doble tirabuzón invertido con ostión artesano. Artesano igual que el alud de galletas de la abuela que caen encima mío.

Después de unos días de excavación y de haber encontrado a tres niños perdidos hace unos años, parte del código Da Vinci  y una pista del paradero del santo grial, logran rescatarme.

Diego García Vizcaíno

Diego García Vizcaíno

Escritor at ScripToryuM
Diego García Vizcaíno, nació en Valencia en 1996.

El contacto con la lectura le llegó desde muy pequeño. Sus padres son ávidos lectores y afortunadamente para él, quisieron transmitirle ese interés por la literatura.

Recuerda con cariño como antes de irse a dormir leía cuentos con su padre, o como su progenitor le entretenía leyendo cómics o los relatos que Diego había escrito. Por si no fuera poco, su abuelo por parte materna, es poseedor de cualquier libro que puedan pensar. Siempre que ha deseado una obra, la ha tenido bajo el brazo en cuestión de segundos.

Escribir es algo que o se le da bien, o al menos no tan mal como el resto de cosas, y por eso le gusta hacerlo. Le permite variar un poco el mundo y su previsible destino. Además, puede conocer gente muy interesante que comparta esta afición.

“Tengan buen día” nos desea.

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